todos los días

volvía,
        tenía las manos sucias
    pero prolijas
e iba pensando
    solamente en volver

venía,
        tan perdido en la memoria
    tan ensimismado
que no se vio pasar
    pasó como el viento

silbaba,
        porque no sabía
    ignoraba su mortalidad
su finitud
    como adicción leve

reía,
        entre mochila y cigarrillo
    con la chalina de siempre
dudando
    de los libros releídos

miró,
        entre el ruido del gatillo
    y del balazo
tercer botón de la camisa
    letalmente precisa

murió,
        soltando sangre y saliva
    pasó al olvido pronto
porque era un fantasma que vivía
    desde hacía toda la vida

confudido,
        soltó el aire
    blanqueó los ojos
y nada más,
    no hizo falta respirar
   
    no tiene una poesía mayor
ni la muerte
ni la vida de todos los días

    
    



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