y seguí en la mía

dejó el vaso,
acomodó el cenicero
miró fijo a los ojos
decididamente

casi un animal salvaje
eligiendo presa

acomodó la voz
con una tos tan falsa
que el miedo

casi

se disipa

estaba el humo
floreándose en el ambiente
subiendo con sus curvas
predecibles

observado por las rendijas
de una persiana inamovible
que ofrece un laser de sol
que no ingresaba

nadie tenía la culpa
lo que no fue y no es
no se repara

hubiera querido así
pero no daba

poesía de la cancha
en la agonía
bruta, quizás, frugal
desesperada

con tanta inteligencia
artificial
y tan al pedo

tan poco inteligente
fue sin luz
sin internet

largó una parva

cuando empezó a hablar
yo ya me había ido en mis palabras
me había montado a un unicornio
había transitado otras mentiras

palabras más o menos
mil palabras

su furia no existía
su enojo ya no estaba
estaba más tranquila
que un suspiro

después
de ver pasar
a la mortaja

pomposa y relativa
algorítmica
negativamente
matemática

soy un tarado
ella también era tarada

me dijo que ella no,
que ella no era

entonces me abracé

y seguí en la mía

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